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NO A LA CONTAMINACIÓN

 

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Alfonsina Storni, gran poetisa argentina del siglo XX ,

aguerrida defensora de los derechos civiles de la mujer

 

 

 

Alfosina StorniAlfonsina Storni nace el 29 de mayo de 1892, en Sala Capriasca, un cantón de la Suiza italiana. Cuatro años después llega a la Argentina con su familia, estableciéndose primero en San Juan y más tarde en la ciudad de Rosario. La pequeña Alfonsina ayuda en el negocio familiar, un café llamado " Café suizo".

Apenas entrada en la adolescencia muere su padre, y para ganarse la vida trabaja como cocinera y luego como obrera de una fábrica. Le gustaba el teatro y se recibe de maestra en la Escuela Normal Mixta de Coronda, en Santa Fe.

Los dos años de la escuela terminan con 1911. A esa altura ya escribe, recita, y se conecta con dos revistas literarias: Mundo rosarino y Monos y Monadas. Y llega el amor. Sus biógrafos coinciden: un hombre casado, mayor, periodista que llegaría a diputado. A pesar de los años pasados, su nombre sigue oculto.

De ese amor nace Alejandro, su único hijo , por eso en 1912, Alfonsina se traslada hacia Buenos Aires, En 1915 le pide a Leopoldo Lugones (quien ya era un escritor importante) que lea unos versos suyos: "Esto que me permito pedirle -escribe- tiene una razón. Mi libro se va a publicar en breve. Yo sé que se me tildará de inmoral".

Escribe poemas y artículos periodísticos. Se hace amiga de Horacio Quiroga y de José Ingenieros. Es maestra de teatro y de lectura y declamación. En 1918 sale otro libro, El dulce daño. En 1919, Irremediablemente. En 1920 gana el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura por Languidez. En 1925 sale Ocre y Alfonsina trabaja como impulsora de la Sociedad Argentina de Escritores. En 1926 se editan las prosas poéticas de Poemas de amor. En 1934, la editorial Tor publica Mundo de siete pozos y en 1938, Mascarilla y trébol, el último libro.

Monumento en la playa La Perla, Mar del Plata, enfrente de las costas donde se sucidió un 25 de octubre de 1938En la madrugada del 25 de octubre de 1938, una mujer sale de la residencia donde se aloja en la ciudad de Mar del Plata y camina hacia el mar.

Horas más tarde, dos jóvenes que paseaban por la playa La Perla encuentran un cuerpo flotando, sin vida. Luego se supo que se trataba de Alfonsina Storni , una de las más importantes poetas hispanoamericanas del siglo XX. 
 


SUS ÚLTIMOS VERSOS

Este poema, el último que escribió es como una despedida. Entonces , su cuerpo enfermo distaba de ser el de la aguerrida defensora de los derechos civiles de la mujer que fue durante su juventud.

 

Voy a dormir


"Dientes de flores, cofia de rocío, 
manos de hierbas, tú, nodriza fina, 
tenme prestas las sábanas terrosas 
y el edredón de musgos escardados. 
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. 
Ponme una lámpara a la cabecera; 
una constelación; la que te guste; 
todas son buenas; bájala un poquito. 
Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba 
y un pájaro te traza unos compases 
para que olvides... Gracias... Ah, un encargo: 
si él llama nuevamente por teléfono 
le dices que no insista, que he salido..."


 

El original de este poema fue enviado por Alfonsina Storni al periódico La Nación, desde Mar del Plata el sábado 22 de octubre de 1938.  Llegó a la Redacción el domingo 23 en la noche y fue publicado al día siguiente de su muerte.

 

 

 

 

 

"Y, figura erguida, entre cielo y playa. Sentirme el olvido perenne del mar"

 

 

 

DOLOR


Quisiera esta tarde divina de octubre,
Pasear por la orilla lejana del mar
Que la arena de oro y las aguas verdes
Y los cielos puros me vieran pasar.
Ser alta, soberbia, perfecta quisiera
Como una romana para concordar
Con las grandes olas y las rocas muertas
Y las anchas playas que ciñen el mar.
Con el paso lento, y los ojos fríos
Y la boca muda, dejarme llevar;
Ver como se rompen las olas azules
Contra los granitos y no parpadear;
Ver como las aves se comen
Los peces pequeños y no despertar;
Pensar que pudieran las frágiles barcas
Hundirse en las aguas y no suspirar;
Ver que se adelanta la garganta al aire,
El hombre más bello no desear amar...
Perder la mirada, distraídamente,
Perderla y que nunca la vuelva a encontrar;
Y, figura erguida, entre cielo y playa.
Sentirme el olvido perenne del mar.

 


BORRADA

El día que me muera, la noticia
Ha de seguir las prácticas usadas,
Y de oficina en oficina al punto.
Por los registros seré yo buscada.

Y allá muy lejos, en un pueblecito
Que está durmiendo al sol en la montaña,
Sobre mi nombre, en un registro viejo,
Mano que ignoro trazará una raya.

 

FIESTA


Junto a la playa, núbiles criaturas,
Dulces y bellas, danzan, las cinturas
Abandonadas en el brazo amigo.
Y las estrellas sirven de testigo.

Visten de azul, de blanco, plata, verde...
Y la mano pequeña, que se pierde
Entre la grande, espera. Y la fingida,
Vaga frase amorosa, ya es creída.

Hay quien dice feliz: La vida es bella.
Hay quien tiende su mano hacia una estrella
Y la espera con dulce arrobamiento.

Yo me vuelvo de espaldas. Desde un quiosco
Contemplo el mar lejano, negro y fosco,
Irónica la boca. Ruge el viento.

 

PESO ANCESTRAL

Tú me dijiste: no lloró mi padre;
tú me dijiste: no lloró mi abuelo;
no han llorado los hombres de mi raza,
eran de acero.

Así diciendo te brotó una lágrima
y me cayó en la boca; más veneno
yo no he bebido nunca en otro vaso así pequeño.

Débil mujer, pobre mujer que entiende,
dolor de siglos conocí al beberlo.
Oh, el alma mía soportar no puede
todo su peso.

 

¡ADIOS!

Las cosas que mueren jamás resucitan,
las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
es polvo por siempre y por siempre será!

Cuando los capullos caen de la rama
dos veces seguidas no florecerán...
¡Las flores tronchadas por el viento impío
se agotan por siempre, por siempre jamás!

¡Los días que fueron, los días perdidos,
los días inertes ya no volverá!
¡Qué tristes las horas que se desgranaron
bajo el aletazo de la soledad!

¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,
las sombras creadas por nuestra maldad!
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que así se nos van!

¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!...
-De llagas infectas- ¡Cúbrete de mal!...
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,
corazón maldito que inquietas mi afán!

¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!
¡Adiós mi alegría llena de bondad!
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que no vuelven más!...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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